JOHNNIE WALKER VOYAGER

Algunas experiencias exigen un nivel absoluto de precisión, coordinación y criterio estratégico.

Antes de fundar the/batch, tuvimos la oportunidad de liderar una de esas operaciones: el arribo del Velero Voyager de Johnnie Walker a Cartagena, como parte del lanzamiento mundial de su edición especial Odyssey.

En 2014, Johnnie Walker convirtió un velero en un museo itinerante que recorrería puertos estratégicos de Asia, Europa, Norteamérica y el Caribe. Singapur, Hong Kong, Miami, Atenas. Entre ellos, un único destino en Colombia: Cartagena de Indias. Una decisión que implicaba operar bajo estándares globales y responder con exactitud en un contexto local altamente exigente.

Desde el inicio, el margen de error fue inexistente. El atraque del velero exigía protocolos internacionales estrictos, coordinación con autoridades portuarias y una planificación técnica detallada. Trabajamos junto a un capitán retirado de la Armada Nacional para diseñar la maniobra, gestionamos permisos en tiempos críticos y estructuramos toda la operación logística y gastronómica desde uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad, encargado de abastecer al barco durante su estadía.

El montaje interior del velero debía ejecutarse en cuestión de horas. Ambientación alineada a lineamientos globales, entrenamiento exprés de anfitriones bilingües, curaduría de vestuario, sonido y música. Todo sin posibilidad de preparación previa en puerto. La experiencia debía sentirse natural, ligera y sofisticada, sostenida por una operación precisa y silenciosa.

Más allá de la ejecución técnica, buscamos integrar el contexto local a la narrativa global de la marca. Organizamos una regata de veleros en la bahía como gesto cultural y simbólico, conectando la identidad marítima de Cartagena con el relato internacional de Johnnie Walker, sin forzar el protagonismo ni diluir el mensaje.

El resultado fue una experiencia impecable para invitados y directivos, ejecutada bajo estándares internacionales y con una lectura sensible del entorno. Para nosotros, significó confirmar la capacidad de liderar operaciones complejas, coordinar múltiples actores y responder con solvencia en escenarios de máxima exigencia.

El Voyager marcó un punto de inflexión. No como un hito visible, sino como una referencia interna que consolidó una forma de trabajar: precisión estratégica, respeto por el contexto y ejecución sin fisuras. Una experiencia que, con el tiempo, terminó de definir el criterio con el que hoy concebimos y abordamos cada proyecto.